miércoles, enero 18, 2006

Este blog existía por debilidad, por vanidad. Me engañaba a mí mismo creyendo que lo que pudiera escribir, contar, tenía algún valor. Se convirtió en un repugnante templo a mí mismo. Llegué a llevar una vida falsa en la red (falsa, pues nada de lo que haya en la red puede ser real).
Y mentí, hice daño, me perdí, distraí mi atención del mundo real, ciego, lleno de vanidad y orgullo. Y busqué, porque por mi debilidad lo necesitaba, afecto y admiración en esa vida falsa. Un afecto y una admiración que tampoco valían nada, pues no eran mi verdadera vida, sino un producto de este repugnante blog, que tanto daño ha hecho.


Pero toda esa debilidad, toda esa vanidad, han quedado atrás al fin.
Iwan Manjak desaparece aquí (no muere, pues no puede morir lo que nunca ha vivido). No lo busquéis. No existe. Nunca existió.






¿Mi vida? Mi verdadera vida es Elise, la criatura más bella y maravillosa de este mundo. De cualquier mundo.
Mi amor por ella es absoluto, infinito. Lo llena todo. Moriría por ella. Ahora mismo. Sin dudarlo.
Ella es el aire que respiro, mi sueño, mi reino perdido. No necesito nada más. No deseo nada más.
Y mis palabras, tan torpes como siempre, no dan para expresarlo todo. Nunca podrán reflejar totalmente todo mi amor, la verdadera y única finalidad de mi vida. Por eso no tiene sentido que escriba más. Viviré, a su lado, feliz.

miércoles, diciembre 14, 2005

De repente, el deseo de destuir.

Leía una historia de Europa en el siglo XIX, y llegó la Revolución Industrial. Europa se lleno de máquinas, vías de tren. Ciudades superpobladas. Niños trabajando catorce horas al día en fábricas. El cielo negro por el humo del carbón. Y bancos, y acciones, el nacimiento del capitalismo.

Y sentí la necesidad de destruir todo eso. De volver a un mundo de caminos, bosques, caballos, manuscritos, mármol. No sé si mejor, pero más puro, más bello.

En lugar de eso, seguí leyendo, sentado en el autobús, y llegué a la torre negra, a servir a la máquina, a alimentar la caldera del capitalismo con factorizaciones de Cholesky. A, en un descanso, teclear en una máquina para escribir esto.

miércoles, octubre 19, 2005

Estas mañanas, en el camino a la torre negra donde trabajo, escucho Akhnaten, la ópera de Philip Glass sobre el faraón que abandonó los dioses de sus padres, para adorar al Sol, a un dios abstracto, a una idea. Y leo a Hegel, que me habla del Arte, lo bello, de la primacía del espíritu.

La torre negra parece lejana aún cuando entro en ella, envuelto todavía en las palabras de Hegel, y escuchando aún a Glass, campanas, coros, cantos en egipcio.

martes, octubre 04, 2005

El C02 es incluso beneficioso

Valle de los Caídos


Ahí reside gran parte del poder. Mentir, deformar la realidad, cambiar el pasado con tus palabras, y que te crean, que tus mentiras dejen de serlo, para convertirse en la verdad.
Tengo miedo de que venzan, de que suficiente gente sea engañada, convertida, de que ese nuevo mundo que intentan construir, que ya están construyendo, ocupe toda la realidad.




'There is a Party slogan dealing with the control of the past,' he said. 'Repeat it, if you please.'

'"Who controls the past controls the future: who controls the present controls the past,"' repeated Winston obediently.

'"Who controls the present controls the past,"' said O'Brien, nodding his head with slow approval. 'Is it your opinion, Winston, that the past has real existence?'

[...]


'How many fingers am I holding up, Winston?'

'Four.'

'And if the party says that it is not four but five -- then how many?'

'Four.'

The word ended in a gasp of pain. The needle of the dial had shot up to fifty-five. The sweat had sprung out all over Winston's body. The air tore into his lungs and issued again in deep groans which even by clenching his teeth he could not stop. O'Brien watched him, the four fingers still extended. He drew back the lever. This time the pain was only slightly eased.

[...]

'How many fingers, Winston?'

'Four! Stop it, stop it! How can you go on? Four! Four!'

'How many fingers, Winston?'

'Five! Five! Five!'

'No, Winston, that is no use. You are lying. You still think there are four. How many fingers, please?'

'Four! five! Four! Anything you like. Only stop it, stop the pain!'


de 1984, de George Orwell

miércoles, agosto 17, 2005

Por un camino en el bosque, persigo a una enorme rana, que nada en una acequia a la derecha del camino, hasta que llegamos a la entrada de una gruta. Allí nos paramos los dos, y me quedo mirando a la rana. Y a la izquierda del camino, en una charca, hay un pez azul, que brilla llenando el agua de luz.


Es la segunda vez en los últimos tiempos que sueño con ranas y subterráneos...

martes, agosto 09, 2005

Leo "De la Naturaleza de los Dioses", de Cicerón.

A menudo desearía poder creer en dioses. Entes perfectos que gobiernan el mundo, que vigilan y cuidan. Sentir un propósito, un plan.
Me siento pequeño, insignificante, sin poder para alterar nada. Y aparece esa necesidad de un poder superior, de voluntades más allá de quantos y probabilidades.
Y querría acudir a un templo, orar frente a la estatua de la diosa o el dios que eligiera, hacer sacrificios, rogar. Sentir que al menos, ya que yo no puedo cambiar nada, ellos podrían.

lunes, julio 18, 2005

Así, contra toda esperanza, regresé a la ciencia.

Y en estos días, dentro de una torre de cristal negro, camuflado con ese absurdo disfraz del traje y la corbata, leo ilusionado sobre procesos de Markov y movimientos brownianos. Paso mi tiempo allí escondido, leyendo, recordando, haciendo cálculos y demostraciones.

Y mis cuatro años de unix y aeropuertos, que yo creía que no tendrían fin, quedan ya como un necesario purgatorio, en realidad, como un buen recuerdo, donde conocí un mundo nuevo, distinto. Recorrí todo el país, conocí lugares, esa parte oculta de los aeropuertos, a los que pocos pueden entrar, conseguí que retrasaran aviones sólo para que yo no los perdiera. No lamento esos años.

Pero quedaron atrás. Regresé a las matemáticas, y la última vez que regresé a mi facultad, hace muy poco, a visitar a Wyan, ya no me dolía.

viernes, junio 24, 2005

Hoy es mi último día en el trabajo, mi último día haciendo de informático. Mi último día en este sitio, frente a esta pantalla. Mi último día con gente con la que llevo cuatro años.

Es, ante todo, extraño. Y en gran parte, triste.



Pero el futuro se presenta esperanzador, ilusionante. En estos días llevo conmigo un libro de dinámica no lineal que Wyan sacó para mí de la biblioteca. Vuelvo, tras años de nostalgia, a sentirme de verdad físico. Vuelvo a aquello que nunca debí dejar. De una forma extraña, en un lugar al que nunca pensé que iría. Viviré de las matemáticas, un sueño al que ya había renunciado.

Un nuevo cambio, en este año de maravillas.

lunes, mayo 30, 2005

Ahora abandonaremos la idea de Europa, volveremos al medioevo de estados feudales luchando entre sí (ya se anunció en los últimos años... la ley del más fuerte, imperios pidiendo vasallaje...), abandoremos sigilosamente el escenario, dejaremos a los niños jugar, nos sumiremos en el olvido de civilizaciones derrotadas.

Supongo que ya da igual. Supongo que lo merecemos.





¿Y yo? Feliz. Amando. Viviendo (lo cual es lo mismo. La amo. Y esa es mi vida, la parte que de verdad importa).



Pasé por alto el aniversario de este blog.


Y pronto, un cambio: Mi adiós a la vida de aeropuertos. El regreso a acuaciones, funciones, modelos matemáticos. Escribiré de ello.

lunes, mayo 09, 2005

'You needn't say "actually,"' the Queen remarked: 'I can believe it without that. Now I'll give YOU something to believe.

I'm just one hundred and one, five months and a day.'

'I can't believe THAT!' said Alice.

'Can't you?' the Queen said in a pitying tone. 'Try again: draw a long breath, and shut your eyes.'

Alice laughed. 'There's not use trying,' she said: 'one CAN'T believe impossible things.'

'I daresay you haven't had much practice,' said the Queen. 'When I was your age, I always did it for half-an-hour a day. Why, sometimes I've believed as many as six impossible things before breakfast.


Lewis Carroll, Through the Looking-Glass, and What Alice Found There

domingo, mayo 08, 2005

Un poema de José Hierro. Un regalo.

BEETHOVEN ANTE EL TELEVISOR

El alemán de Bonn identificaba
todos los sones de la naturaleza:
el del mar, el del rio, el del viento y la lluvia,
el canto del ruiseñor, el de la oropéndula, el del cuco.
Un dia, cantó un ave, y él no oía su canto:
fue la primera señal de alarma.
Luego avanzó implacable la sordera
hasta desembocar en la noche de los sonidos.
Compuso, desde entonces, imaginándolos.
Nunca pudo escuchar su misa en Re,
sus últimos cuartetos, su última sinfonia.

Luis van Beethoven murió en mil ochocientos veintisiete
(es lo que piensan los desinformados),
pero yo lo he visto en el Lincoln Center.
Fue en los años noventa. Ocupábamos
asientos contiguos. Yo lo reconocí
por su expresión huraña y tierna y feroz.
Y también por el desaliño de que nos hablan sus biógrafos.
Escribí en mi programa estas palabras:
"Excelente concierto". Y él asintió:
"No se moleste en escribir, oigo perfectamente".

Después en el descanso, hablamos de música,
(sin duda se dio cuenta
de que acababa de reconocerlo.)
Avisaron que había que volver
a la sala para escuchar el plato fuerte,
la Novena. Pero él, van Beethoven,
dio media vuelta, y se marchaba.
"Pero, ¿precisamente ahora?" le pregunté.
"Yo regreso al hotel. voy a escuchar
la Novena Sinfonía en el televisor,
la transmiten en directo", contestó.
"¿Me permite que le acompañe?", dije.
Y se encogió de hombros.

Pues aquí acaba todo.
Nos sentamos ante el televisor.
Escuchamos el golpe de la batuta
sobre el atril. Silencio. Y la orquesta rugió.
Entonces, Ludwing van Beethoven
se levantó y apagó el sonido.
Ahora sí que el silencio era absoluto.

Canturreaba a veces, levantaba la mano
para indicar la entrada a los timbales
en el Scherzo. Lloró con el adagio,
anardeció cuando cantaba el coro
las palabras de Schiller.

Yo nunca podré oír, nadie podrá,
lo que él oía. Finalizó el concierto.
Fue entonces cuando se levantó,
y se acercó al televisor,
recuperó el sonido.
Las cámaras enfocaban ahora
al público enardecido.
Van Beethoven oía, en mil novecientos noventa,
los aplausos que no podía oir en Viena,
en mil ochocientos veinticuatro.


José Hierro. Cuadernos de Nueva York.

lunes, mayo 02, 2005

He leído hoy en el periódico un artículo de Salman Rushdie sobre religión, sobre ese peligro que parece amenazarnos desde todas partes de volver atrás, al terror, al pensamiento pautado.

El artículo acaba con una cita de Clarence Darrow: No creo en Dios, porque no creo en los cuentos de hadas.
Me pregunté qué sucede cuando no crees en Dios, pero sí crees fervientemente en los cuentos de hadas, cuando estos forman parte de tu alimento, del aire que respiras.

Leones guardan una de las puertas del Retiro.

Nunca los había visto, hasta hace dos noches, de madrugada, cuando caminaba por los límites del parque.

Uno de ellos y yo nos observamos. Permanecimos así durante minutos. Su mirada era sabia, noble, anciana. El león había visto tantas cosas desde la puerta que guardaba...
Y yo sentía que me estaba juzgando, que intentaba llegar a una decisión sobre mí.

Me marché para que pudiera pensar, quizás deliberar con los demás leones. Todavía no sé cuál fue el veredicto.

sábado, abril 30, 2005

Anoche, sentado frente a las puertas del Reina Sofía, esperando, leía apenas sin luz, forzando mis ojos.

Y, a menudo, rompía a carcajadas.


What do you mean by that? said the Caterpillar sternly. Explain yourself!

I can't explain MYSELF, I'm afraid, sir said Alice, because I'm not myself, you see.

I don't see, said the Caterpillar.

I'm afraid I can't put it more clearly, Alice replied very politely, for I can't understand it myself to begin with; and being so many different sizes in a day is very confusing.

It isn't, said the Caterpillar.


Lewis Carroll. Alice in Wonderland

jueves, abril 28, 2005

En estos días he leído de una Al-Andalus que nunca exitió, de su pérdida. Otra Atlántida hundida.

Y de viajes iniciáticos.


Y quizás mis siguientes lecturas sigan por ese camino.
En un momento en que no anhelo, no necesito ir a nungún lugar. En un momento en que estoy donde deseo estar.

miércoles, abril 20, 2005

Anyway, where humanity gets it wrong, in your time, is in imagining Atlantis as having any kind of quatifiable existence. Which of course it hasn't. Not in the way they imagine, anyway. There have been many Atlantises, and there will be quite a few more. It's just a symbol. A Symbol of the Art. The true Atlantis is inside you, just as it's inside all of us. The sunken land is lost beneath the dark sea, lost beneath the waves of wet, black stories and myths that break upon the shores of our minds. Atlantis is the shadow-land, the birth-place of civilization. The fair land in the west that is lost to us, but remains forever, true birthplace and true goal. It is Lyonesse, and Avalon, and Hy-Brasail.


Neil Gaiman, The Books of Magic

martes, abril 19, 2005

Porque a veces no sabes cuál es tu destino, ni si existe. No sabes cuál es ese hogar al que crees que intentas regresar. Y da igual. Lo que importa es el camino, el viaje, la compañía.





Life is what happens to you when you are busy making other plans.


John Lennon

jueves, abril 14, 2005

Es normal que no tome el camino más corto para regresar a casa. A veces me pongo excusas, como que no me apetece hacer trasbordos en el metro, o prefiero tomar un autobús, o me apetece caminar por tal calle. A veces no intento ponerme ninguna excusa. El camino más corto no es necesariamente el camino. Quizás rara vez lo es.

(Al taimado Odiseo le llevó diez años regresar a casa. Y su camino, desde el primer paso hasta el último, estuvo sembrado de traiciones y muertes. Era un hombre malvado.)


El camino correcto puede ser complicado, largo. Puede llevar rodeos de años. Puede ser doloroso, extraño. Puedes creerte perdido.


Pero el viaje es tan importante como el destino.



No hay pasos mal dados. Sólo senderos por los que no sabíamos que estábamos destinados a caminar.


de Guy Gavriel Kay

lunes, abril 11, 2005

Comienza una semana extraña.

sábado, abril 09, 2005

Modelos

Escribo poco. Quizás porque me siento demasiado feliz, pleno.


Pero en estos días, algo acude a menudo a mi mente. Una distante posibilidad, un improbable cambio, la esperanza de regresar a algo que creía perdido para siempre, y que, por muy lejos que haya ido, nunca he dejado de añorar.

Y espero, y contemplo esa puerta entornada con ilusión, y también miedo. Lleno de sueños, y algo de pena.

martes, abril 05, 2005

Pasamos el fin de semana en Roma, en la ciudad más bella que jamás he visitado, en lo que estoy convencido que es el país más bello del mundo.


Y los gatitos viven felices entre las ruinas de un Imperio, de un mundo, que ya no existe salvo en nuestros recuerdos, mirándote a veces cuando te acercas. Es su casa, su hogar.

martes, marzo 29, 2005

Hace mucho, mucho tiempo, Wyan me prestó un libro de cuentos, sobre el Sueño. Yo tardé demasiado tiempo en comenzarlo, abusando de su paciencia.

Y, cuando lo hice, lo perdí en un avión de Santiago a Madrid. Lo dejé en el hueco para las revistas, me quedé dormido, y debí olvidarlo cuando me marché del avión. En objetos perdidos me dijeron que no lo habían encontrado.

Pasaron meses hasta que lo compré de nuevo, y continé leyendo. Acabé el cuento que dejé a medio en aquel vuelo, el de la bruja que guardó su corazón en un cofre de hielo en una gruta de una montaña, y leí alguno más.
Y, en un vuelo de Asturias a Madrid, volví a caer dormido, y, de nuevo, no pude encontrar rastro de él.


Ayer lo compré de nuevo. No creo que vuelva a llevarlo en otro vuelo. Y, sobre todo, no creo que me atreva a leerlo antes de dormir. Tengo mis sospechas sobre a dónde han ido a parar esos dos libros, y esta vez voy a tomar precauciones.

jueves, marzo 24, 2005

Creo que la estación fue, en otros tiempos, Príncipe Pío. Pero ahora está en ruinas, oscura, llena de barro y escombros. La única otra persona en el andén es una niña, que juega con una rana; una rana grande, brillante, una rana perfecta. Un tren llega, y la rana salta a las vías. Yo la miro asustado, temiendo que el tren la aplaste, o que la niña la siga. Pero todo sale bien, y el tren se marcha, y la rana sigue intacta. Y es entonces cuando la niña baja, y rescata a la rana, y también a una gran tortuga y una langosta de un feroz rojo.


Muy a menudo sueño con trenes, estaciones, viajes...

miércoles, marzo 23, 2005

En estos días, descanso en Albacete, inquieto, nostálgico.

jueves, marzo 17, 2005

Burbujas

A veces me resulta tan irreal... Comenzamos juntos la carrera, casi todos en aquel grupo de primera hora, con Abellanas augurándonos un futuro negro, con las clases de media hora de Willy, y la velocidad demencial de MA.
Y la acabamos juntos, todos (salvo una oveja descarriada que terminó en Inglaterra haciendo cosas de circuitería, y que, pese a ello, osa hacerse pasar por físico) en Fundamental, sometidos al acoso dementador de Galindo y Carlos Moreno, saltándonos incontables clases para jugar nuestra larguísima partida de Vampiro.

¿Y después? Casi todos abandonamos la ciencia. Amagos de doctorado, matrículas en Matemáticas... pero nada serio. Y nos vendimos... y ahora algunos trabajamos incluso para bancos o ejércitos, y todos ganamos cifras que no son naturales para gente de nuestra edad. Que quizás no sean siquiera naturales para gente de ninguna edad. Y nuestras vidas son fáciles, y nuestros problemas sencillos.

Y a veces siento que vivimos en burbujas, lejos lejos del mundo real, protegidos por nuestras nóminas, nuestros iPods y PlayStations, nuestros viajes.

Y a veces siento que no es real.

Y a veces siento vergüenza, por esta facilidad, por esta suavidad con que todo se desarrolla, por flotar en nuestras burbujas.

martes, marzo 15, 2005

¿Qué tengo en el bolsillo?

En el mejor de los casos, entradas de cine. Demasiado a menudo, lo que encuentro allí son viejas tarjetas de embarque de aviones a lugares absurdos.

lunes, marzo 14, 2005

Quizás esos catorce siglos de guerra civil hayan salvado al mundo. Quizás no sea bueno que nos unamos. Quizá lo mejor sea que estados más sabios, o más jóvenes, ocupen nuestro lugar.

Anoche, dos horas y media de absoluta angustia, viendo la magnífica El Hundimiento. También eso es Europa: la locura y la muerte que resultan del creer que todo es posible. Esos somos nosotros, apartándonos tan sólo uno o dos pasos del camino que ahora recorremos.

sábado, marzo 12, 2005

Noventas

Me sentí mayor cuando contaba a la compañera de piso de E. como, a mediados de los 90, cuando Kurt murió, todo cambió de repente, y comenzamos a escuchar a Elastica, a Oasis, Blur, a los Smashing Pumpkins.


Por la tarde, nostálgico de esa década, me compré un par de cd's de Cranberries.

Extraños

Hoy, la gente me hablaba.

En un cibercafé, a mediodía, mientras E. enviaba un correo, se me acercó un hombre, y me ofreció una cerveza. La rechacé, dieciéndole que no bebía, y él se sentó a mi lado, y comenzó a hablarme, sobre lo caro que podía salir llamar por móvil, sobre que aprender a contenerse y no usarlo demasiado. Mi habilidad para ese tipo de conversaciones es mínima, así que me limité a escucharle, y a hacer algún breve comentario de vez en cuando. Al marcharme, me dijo que parecía buena persona, y agradable, y trasparente, y alzó su pulgar a modo de despedida.




Por la tarde, en Lavapiés, cuando me despedía de E., una anciana nos dijo que hacíamos bien, que disfrutáramos, que la vida era corta, que el amor era mejor que la guerra.




Más tarde, volviendo a mi guarida, en el metro, mientras hojeaba una recién comprada guía de Roma, un italiano borracho se me acercó y comenzó a hablarme de la ciudad, de los precios. Y charlamos durante todo el viaje, sobre Italia, sobre nuestros viajes pasados y futuros.

Lecturas

En casa de E., ella preparaba una escena, mientras yo leía poemas, y la esperaba para un paseo.

La felicidad puede ser algo tan sencillo a veces.



Wyjecha na błonia
zielone zielone
za lasów czarną koronką
stoi czerwone słonko
na nieble rosną góry
na górach olbrzymy
mówią ludzie:
powietrzne młyny


Partió hacia la llanura
verde verde
tras el negro encaje de los bosques
hay un solecillo rojo
en el cielo crecen montañas
en las montañas hay gigantes
la gente dice:
molinos de viento




I znów biegniemy
przed światłla dziedziny

Jest dzień Dzień przed nami
jak ptak szumny leci

Dzień cienności połnął
i jak gwiazda świeci


Y de nuevo corremos
ante campos de luz

Es de día el Día ante nosotros
vuela como un estrepitoso pájaro

El día se tragó las tienieblas
y brilla como una estrella



de Tadeusz RóŻewicz


¿Ve, señor Wyan? Poco a poco, avanzo. Y le prometo que no pasará demasiado tiempo antes de que lo acabe y le devuelva su libro.
Y hoy he vuelto a comprar el otro que me prestó, el que dejé olvidado en al avión.

Hace un año, estas palabras se clavaban en mi alma. Fue de lo último que escuché aquel día, cuando decidí que necesitaba ver una película lo bastante poderosa como para no pensar en nada más, antes de romperme, de llorar.

Ayer las recordé. Eso, y mucho más.

No quiero escribir.



We die, we die rich with lovers and tribes, tastes we have swallowed . . .bodies we have entered and swum up like rivers, fears we have hidden in like this wretched cave. I want this marked on my body. We are the real countries, not the boundaries drawn on maps with the names of powerful men. I know you will come and carry me out into the palace of winds. That's all I've wanted--to walk in such a place with you, with friends, an earth without maps. ...The lamp's gone out, and I'm writing in the darkness.



de El Paciente Inglés

lunes, marzo 07, 2005

Viajes

De mi breve paso por Berlín recordaré la nostalgia, el echarla de menos, el desear volver a Madrid.

Recordaré la nieve, el frío. Mi paseo en solitario desde el Pergamonmuseum hasta la Puerta de Branderburgo.

(Recuerdos todos en mi mente, pues mi cámara fue robada, y todas mis fotos)



Me recordaré en Babilonia, hace veinticinco siglos, recorriendo la Avenida de las Procesiones, cruzando una y otra vez la Puerta de Ishtar, cerrando los ojos, imaginando la Ciudad, soñando con ser un viajero en el pasado, llegando una mañana de invierno a Babilonia, caminando entre los leones, cruzando la inmensa puerta azul, apabullado por su magnificiencia.



Ahora preparo un viaje no deseado, y esta noche, como buen chico corporativo, cruzaré el mar hasta Canarias.

viernes, marzo 04, 2005

Misterios

Soy una estrella que viaja contigo, brillando desde la oscuridad


Es parte de la liturgia de Mithra, el dios de la luz, el sol invencible, antes de que los cristianos lo ahogaran todo.

Soy una estrella, que viaja contigo...

Desde la mañana, no dejo de escuchar esa frase, resonando constantemente en mi mente.

Certezas

Por la mañana, llegando tarde al trabajo, cuando el sol ya había salido, el iPod me alimentaba con Portishead, Tori Amos, Genesis, Philip Glass.

Jung me hablaba de la unidad de todas las cosas, de como todo,todos estamos conectados, que no existen los sucesos independientes.

Y llevaba mi vieja mochila, que esta tarde me acompañará a Berlín.

Y una inmensa certeza me poseía, me llenaba por completo. Y trataba de ver el camino a seguir, qué hacer.

martes, marzo 01, 2005

De mirabilibus mundi

Lo que sigue pertenece a la traducción al inglés (pues mi alemán es prácticamente inexistente) del Synchronizität als ein Prinzip akasualer Zusammenhänge, de Carl Jung, donde cita un comentario de Alberto Magno sobre un texto de Avicena. Las notas a pie de página son del propio Jung, incluyendo fragmentos del original latín de Alberto Magno.


I discovered an instructive account [of magic] in Avicenna's "Liber sextus naturalium", which says that a certain power1 to alter things indwells in the human soul and subordinates the other things to her, particularly when she is swept into a great excess of love, or hate, or the like2. When therefore the soul of a man falls into a great excess of any passion, it can be proved by experiment that it [the excess] binds things [magically] and alters them in the way it wants3, and for a long time I did not believe it, but after I had read the nigromantic books and others of the kind on signs and magic, I found that the emotionality4 of the human soul is the chief cause of all these things, whether because, on account of her great emotion, she alters her bodily substance and the other things towards which she strives, or because, on account of her dignity, the other, lower things are subject to her, or because the appropriate hour or astrological situation or another power coincides with so inordinate an emotion, and we [in consequence] believe that what this power does is then done by the soul5. ...Whoever would learn the secret of doing and undoing these things must know that everyone can influence everything magically if he falls into a great excess...and he must do it at that hour when the excess befalls him, and operate with the things which the soul prescribes. For the soul is then so desirous of the matter she would accomplish that of her own accord she seizes on the more significant and better astrological hour which also rules over the things suited to that matter....Thus it is the effective and more like what comes forth....Such is the manner of production with everything the soul intensely desires. Everything she does with that aim in view possesses motive power and efficacy for what the soul desires6.




  1. "virtus"
  2. "quando ipsa fertur in magnum amoris excessum aut odii aut alicuis talium"
  3. "fertur in grandem excessum alicuis passionis invenitur experimento manifesto quod ipse ligat res et alterat ad idem quod desiderat"
  4. "affectio"
  5. "cum tali affectione exterminata concurrat hora conveniens aut ordo coelestis aut alia virtus, quae quodvis faciet, illud reputavimus tunc animam facere"
  6. De mirabilibus mundi (1485?).

Edades (II)

Iba a inventar una enfermedad, pero, curiosamente, al final no hizo falta. Ayer pasé toda la tarde en la cama, tan débil que apenas podía levantarme de ella y moverme por mi diminuta guarida.
Pero hoy pude ponerme en pie, e ir a mi entrevista de trabajo. Y después quedé para comer con Tornv., cerca de Plaza de Castilla. Y, entre las conversaciones sobre nuestras vidas, sobre Física y Filosofía, no pude evitar preguntarle qué habríamos pensado si hace seis años nos hubieran contado que yo, trajeado, después de mi entrevista para trabajar en un proyecto para los militares, iría a esperar a que él, trajeado, bajara de las oficinas del banco en el rascacielos.